Os sorprendieron las vivencias de El Gran Vázquez? O les emocionaron las de Maragall en Bicicleta, cullera, manzana? Cómo se lo pasaron los niños con las aventuras de Kika Superbruja? Aplaudió las vacaciones de la infancia de los héroes? Deje sus comentarios aquí.
de vez, hemos tenido dos reacciones: el premi Goya a Bicicleta, cullera, manzana i un comentario de la asociación Alzheimer Europe sobre este mismo documental.

El Gran Vázquez no es una película como las demás. A mí me sobrepasó. Soy consciente de mis limitaciones; de siempre que las películas buenas no las entiendo hasta pasadas las veinticuatro horas.
Empieza la película con una vista desde una azotea de todas las azoteas de Barcelona. En esta azotea hay una puerta que da a lo que parece que vive una familia como en el piso abuhardillado 13, Rue del Percebe. Parece que, a la vida real, el personaje creado por Ibañez en el Tio Vivo se inspiraba ya en el verdadero Vázquez. Por quien no haya leído los tebeos, en esa buhardilla vive un moroso apretado por deudas y acreedores, que inventa ingeniosas formas de eludirlas y que la mayoría de las veces funcionan. Esto es la película.
Se diría que es pues una comedia, pero yo no oí reír a nadie en la sala del cine. Tal vez estén dentro, tal como reíamos cuando leíamos aquellos tebeos cuando éramos pequeños.
Así la película es una interminable repetición de los mismos problemas con diferentes detalles sin más argumento, de lectura dispersa, como la macro-viñeta de la última página del popular cómic. El ratón ingenioso, lo que no para de cabrear al gato negro del 13, Rue del Percebe del tebeo, no aparece en la película hasta el final, donde el protagonista termina vivan o sobrevivan en medio del lumpen barcelonés.
De sobrevivir va la cosa. Todo vale en esa Barcelona de los años sesenta donde empieza a florecer el consumismo moderno. Donde las familias soñaban con tener algún día un seiscientos como toda meta. Mientras, todavía son evidentes las secuelas de la posguerra. Donde vive toda una población postrada. Y donde los que mandan e imponen su moral son todavía morcillas y falangistas. hasta el otoño, todo valía para el Gran Vázquez en aquel tiempo que nunca fue nuestro, y esto es quizás la excusa.
El puesto de trabajo de los dibujantes de la editorial, col.leges del Gran Vázquez, consiste en dos hileras de pupitres donde unos hombres hechos y de pie -y con corbata- allí dibujan las maquetas de los cómics vigilados como si fueran escolares de primaria. Privados de libertad la creación es nula. Sols en Vázquez, el libertino, logra cruzar la línea de la monotonía social y cotidiana.
Costumbrista. La glamorosa y la ingenua, diría yo, como el resto de películas del ciclo de este año que nos esperan, si puedo, añadiría.